El agua es, con el aire, la sustancia más decisivamente vital, no sólo para los hombres, sino para toda especie. Apenas tres días puede durar un individuo sano sin ingerir una gota del diáfano líquido de la vida. Pero no hay que alarmarse por lo exiguo de este perentorio plazo, porque en el planeta hay agua de sobra, no sólo para los 7.000 millones de almas que ahora lo pueblan, sino para una cantidad de bebedores inimaginablemente mayor. Ahora bien, las infraestructuras para distribuir este recurso a esa inmensa población son enormes y han de estar bien diseñadas. Aunque nuestros pantanos rebosasen, se podría producir una catástrofe si simplemente se descuidase el mantenimiento de las obras realizadas para su distribución, ni más ni menos que si acaeciese una severa sequía en una economía tradicional en que el agua se obtiene sin esa mediación tecnológica. De aquí que la explotación de este recurso natural sea, en la mayoría de los países, una responsabilidad pública. No sucede así en Cataluña, donde los trapicheos capitalistas alcanzan ahora a este supremo bien vital y público, como denuncia la Plataforma Aigua és Vida en el siguiente texto: “Ens parlen d’Estat propi i es venen el país” [Acordem: Justícia econòmica global].
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4 de noviembre de 2012
El negocio del agua en Cataluña
Constelación
El agua es, con el aire, la sustancia más decisivamente vital, no sólo para los hombres, sino para toda especie. Apenas tres días puede durar un individuo sano sin ingerir una gota del diáfano líquido de la vida. Pero no hay que alarmarse por lo exiguo de este perentorio plazo, porque en el planeta hay agua de sobra, no sólo para los 7.000 millones de almas que ahora lo pueblan, sino para una cantidad de bebedores inimaginablemente mayor. Ahora bien, las infraestructuras para distribuir este recurso a esa inmensa población son enormes y han de estar bien diseñadas. Aunque nuestros pantanos rebosasen, se podría producir una catástrofe si simplemente se descuidase el mantenimiento de las obras realizadas para su distribución, ni más ni menos que si acaeciese una severa sequía en una economía tradicional en que el agua se obtiene sin esa mediación tecnológica. De aquí que la explotación de este recurso natural sea, en la mayoría de los países, una responsabilidad pública. No sucede así en Cataluña, donde los trapicheos capitalistas alcanzan ahora a este supremo bien vital y público, como denuncia la Plataforma Aigua és Vida en el siguiente texto: “Ens parlen d’Estat propi i es venen el país” [Acordem: Justícia econòmica global].
El agua es, con el aire, la sustancia más decisivamente vital, no sólo para los hombres, sino para toda especie. Apenas tres días puede durar un individuo sano sin ingerir una gota del diáfano líquido de la vida. Pero no hay que alarmarse por lo exiguo de este perentorio plazo, porque en el planeta hay agua de sobra, no sólo para los 7.000 millones de almas que ahora lo pueblan, sino para una cantidad de bebedores inimaginablemente mayor. Ahora bien, las infraestructuras para distribuir este recurso a esa inmensa población son enormes y han de estar bien diseñadas. Aunque nuestros pantanos rebosasen, se podría producir una catástrofe si simplemente se descuidase el mantenimiento de las obras realizadas para su distribución, ni más ni menos que si acaeciese una severa sequía en una economía tradicional en que el agua se obtiene sin esa mediación tecnológica. De aquí que la explotación de este recurso natural sea, en la mayoría de los países, una responsabilidad pública. No sucede así en Cataluña, donde los trapicheos capitalistas alcanzan ahora a este supremo bien vital y público, como denuncia la Plataforma Aigua és Vida en el siguiente texto: “Ens parlen d’Estat propi i es venen el país” [Acordem: Justícia econòmica global].
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