Me he referido, en una entrada anterior, al “efecto Mozart” como un caso de
esoterismo o pseudociencia que, en el contexto de lo que se discutía, actúa
como razón estúpida que impide comprender la verdadera significación educativa
y social de la música. Como toda fantasía mágica, su función oscurantista va
más allá, con su contribución alícuota al deterioro de la razón en todos los
terrenos de la vida social.
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20 de julio de 2012
12 de julio de 2012
De la importancia social de la música
Alberto Luque
La música en todas sus manifestaciones —tanto puras (música instrumental) como mixtas (canto, danza, ópera, etc.)— ha sido considerada desde la Antigüedad como un sostén necesario de la civilización. Los antiguos legisladores Solón y Licurgo incluyeron la educación musical entre los pilares del Estado. Y por la misma época en China Confucio estaba persuadido de ese mismo exagerado papel que la música juega en la vertebración de la moral y del Estado.[1]
La música en todas sus manifestaciones —tanto puras (música instrumental) como mixtas (canto, danza, ópera, etc.)— ha sido considerada desde la Antigüedad como un sostén necesario de la civilización. Los antiguos legisladores Solón y Licurgo incluyeron la educación musical entre los pilares del Estado. Y por la misma época en China Confucio estaba persuadido de ese mismo exagerado papel que la música juega en la vertebración de la moral y del Estado.[1]
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