[DE: Alberto Luque]
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La relación entre lenguaje y
pensamiento es indudablemente muy estrecha, casi tanto como para justificar su
absoluta identificación, el isomorfismo más completo entre uno y otro. Y en
verdad que este acoplamiento cuasiperfecto ofrece un caudal de fenómenos
fascinantes para la investigación científica y para la filosófica.
Pero también es interesantísimo
examinar ese otro, digamos, 0,1% de fenómenos en que el contenido del lenguaje
y el del pensamiento no sólo difieren, sino que de hecho resultan
inconmensurables. Se trata de esos dos terrenos fronterizos y misteriosos en
que podemos hablar, por un lado, de un lenguaje sin pensamiento, y, por otro,
de un pensamiento sin lenguaje (es aún interesante a este respecto la teoría
desarrollada hace ya casi un siglo por Lev Semionovich Vigotski).