2 de mayo de 2013

Notas acerca de Gabriel Tarde: En torno al capitalismo tardío

Alfonso Claudiano

Gabriel Tarde (1843-1904)
La recuperación de las teorías de Gabriel Tarde, corriente en los últimos tiempos bautizada como tardomanía, lejos de responder a un capricho extravagante, ofrece orientaciones fecundas para la comprensión de los mecanismos sociales que operan en el contexto del capitalismo tardío —el que hubiese correspondido al quinto ciclo de Kondratieff. Tarde cimienta las variaciones objetivas del valor en las fluctuaciones infinitesimales del campo intersubjetivo de los deseos y las creencias. El valor «consiste en el acuerdo de los juicios colectivos que hacemos sobre la aptitud de los objetos a ser más o menos, y por un mayor o menor número de personas, creídos, deseados o probados»[1]. De manera que la medición del valor abstrae una medida común, desde la aritmética política hasta los métodos más sofisticados de análisis de datos, reduciendo a magnitudes manejables determinados factores de los procesos afectivos,[2] que en su conjunto constituyen las fuerzas vivas de un espacio social a escala dividual.

17 de abril de 2013

El nacionalismo a debate

Alberto Luque

A lo largo y ancho de este blog se han planteado y discutido muchos aspectos del nacionalismo separatista que lo retratan como una ideología esencialmente irracional e incivil. Enumeremos sintéticamente los más destacados:
(1) Su fundamentación mítica, basada en falacias históricas y anacronismos y en toda suerte de instancias etnicistas y espiritualistas.
(2) La índole alucinatoria, irritante, del concepto etnicista de nación, y la más aberrante aún que asocia la idea de nación a la lengua (lo que no sólo tiene que ver con una incomprensión de la idea de nación política, sino peor aún, con un concepto esencialista, místico y garrulo de la lengua).
(3) Su carácter civilmente irresponsable, deletéreo, enemigo del derecho.
(4) Su papel de apantallamiento ideológico, de desviación de la atención a los problemas verdaderos, de orden socioeconómico.
(5) La incompatibilidad del nacionalismo con la sociología científica que anima el marxismo, o en términos más prácticos, la falaz y absurda amalgama de socialismo y nacionalismo.
(6) La ambigüedad imbele del federalismo como solución de compromiso entre el delirio independentista y la solidaridad orgánica de la nación española.

13 de abril de 2013

Arte, belleza, sensibilidad…

Palmira López

Hace un tiempo, compartía conversación con un querido amigo mío sobre la fascinación que provoca cierta música, la pasión que puede contagiarnos, y la agitación a la que puede inducirnos, hasta el punto de poder llegar a perturbar nuestro ánimo. Decíamos entonces que cuando oímos una pieza musical que nos ha cautivado, nos referimos a una sensación que agrada a los sentidos y que, normalmente, de manera natural, la explicamos asociándola con lo bello porque nos parece tiene que ver con la perfección, lo ordenado y lo armónico. Por otra parte, comentábamos que no tenemos la necesidad de saber técnicamente qué o cuál cosa tiene que ver con el logro de su belleza, sino que más bien experimentamos esa emoción de acuerdo a cómo percibimos esa realidad que nos conmueve.

3 de abril de 2013

De la inteligencia (2) (Del ajedrez, la paradoja y la inteligencia en la ficción literaria)

Alberto Luque

Gautama (Buda) abandonando su hogar [relieve hallado
en Gandhara; c. s. ii a.C., Calcuta, Museo Indio].
De tanto en tanto se nos presenta la preciosa ocasión de apreciar en la literatura científica verdaderas expresiones del talento artístico. Los escritos de Freud, por ejemplo, son en mi opinión un magnífico monumento de literatura pura. Eugenio Trías los comparaba con las buenas novelas de intriga y las películas de Hitchcock. El afamado neurólogo Viktor von Weizsäcker se refirió a su estilo como una notable excepción a la deplorable decadencia en que había entrado la escritura de textos científicos en alemán —y que podemos generalizar al resto de las lenguas, como una marca de época—, desde Goethe, Ranke y Humboldt, o todavía desde el impecable estilo de Helmholtz. «Su lenguaje —escribía Weizsäcker— ya no es clásico, pero va guiado por principios artísticos. Tales son: limitación rigurosa a las palabras esenciales; una cierta levedad etérea, una gracia que desdeña el énfasis y los superlativos; la conservación de la lógica inherente a nuestra cultura; la huida de metáforas y adornos; el equilibrio entre la objetividad científica y la humana subjetividad; el yo del autor se trasparenta siempre a través de la honestidad de la exposición…» (Cit. por Juan Rof Carballo en la introducción a su inmejorable traducción de las Obras completas de Freud en 3 vol. [Madrid, Biblioteca Nueva, 1973, t. i, p. xvi].)

12 de marzo de 2013

De la inteligencia (1)

Alberto Luque

Oímos y leemos muy a menudo que Twitter, o la televisión, o los videojuegos, &c. nos «entontecen». Aunque posiblemente nos sentimos inclinados a compartir semejante juicio al 90%, a veces no podemos evitar la natural reacción que consiste en preguntarnos si quien dice tales cosas no es él mismo un tonto del culo. Como mínimo deberíamos preguntarnos si, al hablar de la inteligencia y la estupidez, estamos seguros de comprender del mismo modo y claramente lo que esos conceptos significan. La mayoría de las personas conciben la inteligencia, más o menos vagamente, como un conjunto muy amplio y casi indefinido de habilidades cognitivas y psicomotrices, y esto es como si en realidad tuviésemos que usar un plural, y hablar de muchos tipos de inteligencia. Pero esto supone desestimar lo más genuino de este concepto, que es la capacidad de comprender, y que por tanto encierra todo su contenido en el saber —que tampoco es, de entrada, un concepto diáfano ni simple.

8 de febrero de 2013

“Una estadística horripilante”: El suicidio como acusación

Alberto Luque

Sir John Everett Millais, Ophelia (1852).
He aquí una interesante nota publicada en Scientific American en 1863:
A shocking record. —The suicides in France now average ten a day; the number for the present century, thus far, is over three hundred thousand. Not a day passes in which a suicide may not be directly traced to want of success in life; to the false moralities inculcated by wicked or ignorant writers; to the failure of parents in obtaining a proper influence over their children; to unrestrained appetites and passions; and to the inability of multitudes “to get along in the world” prosperously, for want of thoroughness of preparation for their calling or station in life. —Hall’s Journal of Health. [Scientific American, t. viii, núm. 9 (28 de enero de 1863), p. 131.]

11 de enero de 2013

Fútbol, o De la complejidad de lo banal

Alberto Luque

Jugadores del Real Madrid —entonces Madrid CF—
en mayo de 1937, antes de comenzar un partido de
homenaje a la 21ª Brigada Mixta, en Chamartín.
Los antiguos griegos despreciaron el trabajo manual. Era inevitable, tratándose de una sociedad esclavista: el trabajo muscular era plebeyo. No por otra cosa, como apuntaba Marx, ni siquiera ese gigante del pensamiento que fue Aristóteles pudo descubrir cuál es la verdadera naturaleza del valor (de cambio) de las mercancías, pues no es otra que el trabajo (medio y socialmente necesario) invertido en su fabricación: “Aristóteles no podía descifrar por sí mismo, analizando la forma del valor, el hecho de que en la forma de los valores de las mercancías todos los trabajos se expresan como trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, porque la sociedad griega estaba basada en el trabajo de los esclavos y tenía por tanto como base natural la desigualdad entre los hombres y sus fuerzas de trabajo.” (El capital, t. i [1867], lib. i, cap. i.)

10 de diciembre de 2012

República Hispánica, o De la ficción interesante

Alberto Luque

Estaba seleccionando algunos casos interesantes de argumentación erística, para una serie de entradas sobre lógica, cuando cae en mi buzón el fragmento de ficción que reproduciré a continuación, y que data del año 2005. Me ha parecido ahora más interesante por muchos conceptos. La ficción tiene un valor muy relativo, o mejor dicho, muy variable: puede ser sugestiva y contener elementos valiosos para una reflexión filosófica —aun si el mismo relato carece intrínsecamente de reflexión filosófica y es, como en el caso que presento, la proyección más o menos feliz de una veleidad política invertebrada y llena de hipocresía—, y puede ser puro entretenimiento intrascendente. (Y también debería formar parte de un manual corriente de lógica el tema de los argumentos de un mundo ficticio, novelesco.) Pero vayamos primero al relato.

27 de noviembre de 2012

A vueltas con el catalanismo: Una nueva Edad Media a contracorriente

Alberto Luque

Guilielmo Blaeuw, Mapa de Europa
(1640-1643, Amsterdam).
Si algún motto simple y espontáneo se impone como moraleja “histórica” para caracterizar las recientes elecciones catalanas es el de que Artur Mas —que ya es, definitivamente, Artur Menos— se ha caído con todo el equipo. Pero ha dicho este iluminado que su proyecto (la cosa esa que él llama “proyecto de futuro”) “no lo pararán ni los tribunales ni las constituciones”. ¿Qué podemos responderle? ¿Bastará con decirle, quienes no compartimos ni sus estupideces mesiánicas ni sus políticas capitalistas, que no le secundamos?

22 de noviembre de 2012

La Ilustración española: ¿Crónica de un desierto?

Josep Maria Viola

Francisco de Goya, Jovellanos
(1798; Museo del Prado).
En relación al benedictino Benito Feijoo y su contexto histórico, Marcelino Menéndez Pelayo decía lo siguiente: “Lo que me parece mal es estudiar a Feijoo solo, y mirarle como una excepción en un pueblo de salvajes, o como una perla caída en un muladar, o como el civilizador de una raza sumida hasta entonces en las nieblas del mal gusto y de la extrema insapiencia.” [1] Desde los tiempos de la propia centuria ilustrada viene fraguándose la discusión en torno a la existencia de una auténtica Ilustración en España durante los reinados borbónicos del siglo xviii. En efecto, bastará con recordar —sin perjuicio de su propensión conservadora— la acerada reacción del gladiador literario, Juan Pablo Forner, frente a los cuestionamientos y embates de los enciclopedistas europeos. Se trata, pues, de un añejo debate intelectual e historiográfico que, si bien una mayoría considerable de estudiosos parece coincidir en sus tesis centrales, no consideramos del todo estéril mantenerlo sobre el tapete. Habitualmente, en este tema se ha pecado, por decirlo de algún modo, de desmesura: se ha tendido a exagerar, e incluso a mitificar, una Ilustración europea al tiempo que se ha presentado una lóbrega y retrógrada imagen de la España dieciochesca. Todavía en nuestros días no faltan quienes, ya sea por motivos de su tradición académica, ya sea por oscuros intereses ideológicos, convienen en seguir manteniendo este cuadro distorsionado de una etapa de la historia de España. Así las cosas, son de recibo las investigaciones basadas en los presupuestos de la objetividad histórica, pues nos aportan una visión más ponderada y menos deformada de la Ilustración hispana. A ellas se debe este breve artículo.